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lunes, 2 de junio de 2014

Resurgimos de la nada, otra vez. Aquí tu y yo.

Resurgimos como si nada. Recuerdo aquellos días como si estubiéran tan cerca de mí. Vivimos días fantásticos y fue una gran experiencia. Rezamos, sentimos y bailamos. Una noche, llena de luces, cirios, miles de personas y una iglesia. En eso se basaron nuestros días, con el rosario en nuestras manos. Tú estabas ahí como si nada, tan distante, tan indiferente. Esos días se acabaron, se acabaron los autobuses, las noches, con cirios, millones de personas y tu y yo, distantes, muy distantes. Pasa el tiempo. Empezaste a conocer el amor, y yo lo vivía a la distancia, hasta que yo también me atreví a la locura de amar, de llegar hasta el cielo con millones de suspiros. Pero ya sabes, las cosas de fuera -tú me entiendes- no suelen durar demasiado. Vivimos en una sociedad en la que ahora es imposible que una relación joven dure para siempre, y eso se hace menos difícil a nuestra manera. -Tu acabaste, yo acabé.-

Nos encontramos, millones de personas y solo nos encontramos tú y yo en medio de una casualidad dirigida por alguien. No me lo puedo creer... No has cambiado, bueno sí, ahora estamos juntos en esto, juntos de verdad. Ahora existe la mediación de palabras, de sonrisas. Pero también ese mar que, ya sabes, duele.

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