Miedo de que todavía tengas dudas de que fuiste tú el que me dijo que el amor eran dos calcetines de distinto número; una película que empieza por el final, una cama sucia y siempre sin hacer.
Manos entrelazadas
Miedo de que algún día te canses de llevarme en brazos a casa cuando bebo más de la cuenta, de besarme las comisuras, de despertar tras el cristal.
Miedo a que mis palabras tiren de tu corazón; miedo a que en cualquier bar se te olvide quién soy yo.
-ANÓNIMO-.
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